ANTONIO SANTOS, EL FARMACÉUTICO QUE DA NOMBRE A UNA CALLE DE NUESTRO PUEBLO.

 

        Muchos se preguntan, al menos yo hasta hace bien poco, por qué tiene asignado este nombre propio, una de nuestras calles. Hay mucha gente entre los más jóvenes, y ya no tanto, que desconocen la razón, como era mi caso. No es así, por supuesto, entre las generaciones de mayor edad que, seguramente en buena parte, saben la huella que dejó este ilustre hombre en la historia de Villaseca y los motivos para hacerse merecedor de la inmortalidad, adjudicando al callejero villasecano su nombre por siempre.

       A D. Antonio Santos García, nacido en Villaseca de La Sagra un 22 de septiembre de 1860, hijo de Cecilio Santos Domínguez y Eugenia García Fernández profesores ambos de instrucción pública en Villaseca, en todas las referencias a su persona que he podido leer,  se le define como un entusiasta y abnegado farmacéutico. Dedicó su vida a elaborar remedios para todo tipo de enfermedades, centrando asimismo sus tareas en la prevención de estas, con novedosos preparados para la higiene bucal y corporal.

        Se licenció en Madrid por la Universidad Central el 22 de junio de 1881. Su actividad profesional, transcurrió entre finales del siglo XIX y principios del XX en Villaseca, destaco esto porque a pesar de su potencial, desarrolló el grueso de su carrera aquí, aunque en la última etapa de su vida se trasladó a Madrid.



Detalle del aspecto de una farmacia, también llamadas boticas, a principios del siglo XX.

        En este artículo extraído del periódico EL DIA DE TOLEDO, en su número 309 del sábado 11 de diciembre de 1897, se le describe así:

EL DOCTOR SANTOS

    Pienso ahora entresacar de mis notas cuanto á personalidades se refiere, para publicarlos en esta sección de Toledanos laboriosos, porque entiendo que merecen más extensión que la que permitiría el párrafo de la crónica de un viaje, donde tanto hay que decir, principalmente de usos, costumbres, población, campiña y medios de desenvolvimiento social.

    Y el primer apunte que se me presenta à la vista, es una línea con estas dos palabras: «El doctor Santos», cuya anotación forma parte de los referentes á Villaseca de la Sagra.

    Sin necesidad de forzar la inteligencia, recuerdo perfectamente mi visita á este lugarcillo, y como principalísimo detalle, las horas que pasé en la botica, punto de reunión de las aldeas, donde á falta de casinos y círculos, se congrega lo más saliente del vecindario, para charlar un rato, comentar el suceso más principal de la prensa, y echar un tute ó en ocasiones un tresillo.

    Dejo estos detalles para tiempo más oportuno, y me hago cargo del simpático dueño de la farmacia de Villaseca, del ilustrado doctor Santos, personalidad inteligentísima y amable hasta la exageración, que al vestido corriente del lugareño bien hacendado, le da aires distinguidos, dilatando su origen y sus primeros puestos en la sociedad.

    Y el humilde y francote doctor, que se pasa la vida en el pueblecito, siempre en su farmacia, no tiene, como otros, ni aficiones á la caza, ni dejos labrantiles, ni simpatías por los naipes; pero en cambio desde que se recluyó en aquel reducido espacio de acción farmacológica, trae á mal traer los librotes de su biblioteca, conserva el amor al estudio que hizo obtener una hoja académica llena de sobresalientes, y lucha á solas, en las veladas del estío y en las invernadas de Enero, con la idea de ser útil á la humanidad doliente, sin que sus trabajos tengan la publicidad debida y alcancen el merecido premio.

    Pero si no reúne cuadros orleados con diplomas de Academias, ni guarda artículos con elogios profesionales, ni reviste con bombos solicitados, en cambio hay muchos corazones que le guardan sinceras muestras de agradecimiento y muchos labios que han bendito sus preparados especiales.

    Porque este doctor Santos, entre los tesoros que ha robado a la ciencia, consiguió preparar su excelente antitífico, que, como su nombre indica, está dirigido á combatir esas enfermedades horribles, llamadas tifus y fiebres tifoideas que, á más de sus estragos, dejan el cuerpo del paciente tan desfigurado, que las mismas íntimas personas sienten reparos al tributar amorosos extremos de sentimiento á sus cadáveres.

    El laborioso farmacéutico estudia la enfermedad con cuidado exquisito, se penetra de sus causas generatrices, combina remedios para cada síntoma y, según su dicho, con la mezcla de antisépticos y asépticos de gran energía, ofrece su antitífico, medicamento eficaz cuyos resultados notabilísimos están comprobados por cuantos médicos le pusieron en uso y tienen para mí el testimonio irrecusable de mi padre, que como médico le ha empleado con seguro éxito, y supongo que este testimonio no me le habrá garantizado por hacerme el artículo.

    Tal vez dentro de muy poco, el antitífico Santos se habrá propagado con rapidez, gracias á sus virtudes, que no á la modestia de su autor, cosa que creo contraria con su crédito científico y sus mismos intereses.

    Pero el Sr. Santos es así; no hace caso de sus conquistas en el orden intelectual, y si su jarabe para la dentición es estimadísimo y solicitado, no se lo debe á la propaganda, sino á su fuerza curativa y á la elocuencia de los hechos, como con el antitífico ocurre.

    El, cuando así piensa, sabrá lo que hace, que yo no he de ser más papista que el Papa; pero esto no importa á consignar aquí ambos productos como dos importantes especialidades farmacéuticas que ha inventado un paisano nuestro, tan modesto y tan estudioso como el boticario de Villaseca de la Sagra.

    Si esto lo inventa algún doctor extranjero, á estas fechas estamos cansados de leer en todas partes que se ha resuelto el problema de la inmortalidad.

Pero así somos los españoles... y principalmente los toledanos.

RÓMULO MURO.


        Como nota hay que decir que, a finales del siglo XIX y principios del XX, nuestra zona se vio especialmente azotada por diferentes epidemias, provocando por aquellos años  gran número de infecciones y defunciones, tal y como se refleja en la prensa de la época. En estos artículos, (muy semejantes a lo vivido hace poco con la pandemia de COVID 19), se dan cifras de infectados y muertes por localidades casi a diario, justamente igual que lo sucedido en los años 2020-21.

    Seguramente este hecho, motivase al doctor Santos a dedicar todos sus esfuerzos a conseguir remedios eficaces, que por lo que se nos describe en este artículo, tuvieron gran éxito, pero poco reconocimiento de las altas instancias de la medicina (no así entre sus vecinos y allegados).

    Este anuncio, de un producto quizás más comercial como es un dentífrico, llevaba el sello del doctor Santos. Se publicó durante varios años en periódicos provinciales, era vendido en farmacias de Madrid y Toledo y en la de su autor en Villaseca de La Sagra. ¡¡No cabe duda del éxito que tuvo!!



    

           

        Fue designado en 1903, "el laborioso e inteligente D. Mauricio Antonio Santos García" (su nombre de pila completo), como representante del Colegio de Farmaceúticos de Toledo, para asistir al XXIV Congreso Internacional de Medicina de Madrid, donde presentó la Memoria «Casos químicos-legales».

        Ejerció como subdelegado de Farmacia del distrito de Illescas.

        En 1899 ocupó el cargo de Juez de Paz de Villaseca.

       Cualquier recepción a autoridades, actos e inauguraciones que se producían en nuestra localidad, contaban con su presencia como "Ilustre hombre", acompañando a la justicia.

        En 1906 fue elegido como Alcalde presidente del Ayuntamiento de nuestro pueblo, en su toma de posesión pronunció el siguiente discurso, publicado en El Heraldo Toledano, Número 237 (13/01/1906).

 

«A mis convecinos:

    Al hacerme cargo de la Alcaldía-Presidencia de esta villa y su término municipal, es para mí, más que inexcusable, más que deber de cortesía, el dedicar, con indiscutible preferencia, mi primer acto, á enviar á todos los vecinos en general, y á cada uno en particular, mi más entusiasta, cariñoso y fraternal saludo, á la vez que mi más acendrado reconocimiento de sincera gratitud, por haberme elevado á este puesto, del que no me creo ni me conceptúo merecedor, y que con tanto celo y escrupulosidad, digna de todo encomio, han desempeñado mis antecesores.

    Es indudable que, al efectuarlo así, se han pretendido ver en mi humilde personalidad garantías de orden, de administración y de progreso; fuera mi gran anhelo, y constituirá mi inusitado afán, el no dejar defraudados tan buenos deseos ni tan loables esperanzas; mas con dolor profundo hemos de reconocer, que la situación esencialmente crítica por la que este Municipio atraviesa, tanto por su estado precario, cuanto por la falta de otros elementos de vital importancia, hacen para su reconstitución y saneamiento obra de transcendental importancia para ser acometida y resuelta por un solo hombre ó por una Corporación: hace falta más; hace falta el apoyo, la ayuda y la unión de todo el vecindario, que desde este momento solicito, si nuestra gestión ha de resultar honrosa y fructífera en asuntos tan importantes como la buena marcha administrativa, la instrucción moral é intelectual, como medio de regeneración; la higiene y policía urbanas, como símbolo de progreso, y, por último, la excitación continua, para que perdure y se acreciente la hidalguía, nobleza, sinceridad y honradez de todo este vecindario, prendas de las que siempre dió, y seguro estoy que dará, fiel testimonio de ellas; usando bien de las libertades concedidas, desechando el libertinaje, la blasfemia, la inmoralidad y la barbarie; respetando y acatando órdenes y mandatos encaminados y conducentes al desarrollo y progreso, haciéndonos dignos de vivir á una hora de la Corte de España, y nunca el simular que vivimos frente á Marruecos.

    Nuestra finalidad es, por lo expuesto, hacer pueblo culto y respetuoso á la moderna, no en hoteles ni en grandezas, sino en que defienda sus intereses materiales y sea fiel cumplidor de sus deberes morales é instructivos: esta es la misión que, con el favor de Dios y vuestra ayuda, pretendemos realizar; si algo bueno hiciésemos, atribuirlo á vuestra cooperación; si, por el contrario, no lográsemos este fin, no censurar, exponer los medios más hábiles y más conducentes para conseguir nuestros deseos, que son los vuestros, y realizados que sean, habremos cumplido con la misión que me habéis encomendado en el cargo que desde hoy desempeño, dando provecho al pueblo que se dignó en él confiarme.

Villaseca y Enero 1906.

EL ALCALDE, Antonio Santos.»


           El grado de formación de esta persona, queda demostrado con esta carta de presentación a los vecinos, el día de la toma del cargo.

        De modo que, al pasar por la calle Antonio Santos, sabremos que así se titula por los méritos de un farmacéutico de renombre, al menos en nuestra provincia. Quizá su humildad no le llevó a explorar otros caminos, que probablemente le hubieran dado un mayor prestigio en niveles superiores. Centró su actividad en Villaseca, donde en tiempos de fiebres tifoideas y cólera, seguro salvó varias vidas con sus preparados.

    Estos servicios a la sociedad, sin duda, hicieron que las autoridades, junto al clamor popular, dieran el nombre de una calle a su persona y así ser recordado para la eternidad, al menos en su pueblo, al que dedicó gran parte de su vida.

    Falleció en Madrid el 17 de diciembre de 1917, una irremediable enfermedad se llevó su vida, en contraste a su actividad sanadora, no pudiendo alcanzar la bien merecida ancianidad. Larga estela dejó el intitulado doctor, pues, hasta la fecha, las siguientes generaciones Santos, han continuado con el legado familiar, dedicándose al ramo al que consagró su vida, el perpetuado farmacólogo, D. Mauricio Antonio Santos y García.

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