APARICIÓN DE VILLASECA EN EL PRIMER ATLAS DE LA HUMANIDAD

    Un interesante tema que da que pensar, es saber que la comarca de La Sagra aparece destacada en el considerado PRIMER ATLAS MUNDIAL DE LA HUMANIDAD, el THEATRUM ORBIS TERRARUM de Abraham Ortelius, editado por primera vez en 1570, con posteriores ampliaciones, en una de ellas concretamente la versión española editada en 1584, se nos muestra un mapa del territorio sagreño, donde aparece el nombre de Villaseca, por ello, he considerado un auténtico privilegio que nuestro pueblo aparezca en esta magnífica y única obra, dándole la importancia que merece.

Enlace al THEATRUM ORBIS TERRARUM de Abraham Ortelius

http://dioscorides.ucm.es/proyecto_digitalizacion/index.php?doc=5319744953&y=2011&p=80




DETALLLE DE LA CARPETANÍA

        De toda España solo hay cinco zonas que aparecen en este atlas; estas son: Andalucía, Valencia, Guipúzcoa, Cádiz y Carpetanía (nombre prerromano y la Sagra forma parte de su territorio). 

      Abraham Ortelius (Amberes14 de abril de 1527 - Amberes, 28 de junio de 1598), también escrito como Oertel, Orthellius o Wortels, fue un geógrafo y cartógrafo flamenco, conocido como el Ptolomeo del siglo XVI. En 1575, fue nombrado geógrafo de Felipe II, siguiendo la recomendación de Benito Arias Montano, un cargo que le permitió acceder a los conocimientos acumulados por los exploradores españoles y portugueses.

        Ortelius realizó una selección de los mejores mapas disponibles en la época, que redibujó con un formato uniforme para la edición de su obra, y estableció un orden lógico de los mapas: mapamundi, Europa, Asia, África y Nuevo Mundo. También incluyó una lista con los nombres de los autores de los mapas originales. Este atlas tuvo un gran éxito, sobre todo por su tamaño y formato. Fue editado en diversos idiomas y no cesó de actualizarse y mejorarse hasta 1612. Es considerado el primer atlas moderno, y en la actualidad aún se siguen utilizando la clasificación y estructura de este.

        Felipe II quiso tener constancia en papel de cuáles eran y dónde quedaban sus dominios, ya que la inmensa mayoría no llegó a conocerlos. Territorios nuevos y desconocidos hasta hacía muy pocos años, pues el grueso de descubrimientos hechos por los magníficos navegantes junto a los exploradores españoles y portugueses era muy reciente.

        En una obra de tal magnitud, con la limitación de medios del momento donde quisieron reflejar el conjunto del planeta, llama la atención que aparezca el detalle de La Carpetanía, y demuestra la importancia que para los gobernantes tendría esta zona.

        Estas tierras sagreñas siempre fueron codiciadas por las diferentes civilizaciones que ocuparon la península ibérica. No sería tarea fácil, para los pueblos que la habitaron a lo largo de los siglos, defenderse de los invasores; al ser casi toda ella una planicie, apropiarse de tan valioso botín sería una empresa factible. Todas dejaron sus vestigios a lo largo y ancho de su geografía, pero lo más apreciado indudablemente sus excelentes campos de cultivo, que consideraban como “el granero” para el abastecimiento de las grandes poblaciones. 

        Madrid y Toledo pudieron ser sus límites Norte y Sur. Por ello, estas ciudades tienen o tuvieron asociado su nombre a una de sus principales puertas de entrada, caso de Toledo, “puerta de la Sagra” en musulmán bab a Ssaqra, y que derivó en su actual nombre Bisagra.

        También en Madrid hubo una puerta llamada de Xagra; estuvo situada en la muralla árabe (almudena) que lo rodeaba, hoy inexistentes ambas. En la esquina de las calles de Rebeque y Requena, hay instalada una placa que recuerda su ubicación exacta. Incluso en los aledaños de esta puerta existió una iglesia llamada San Miguel de La Sagra, muy próxima al Palacio Real.




        Llamada por los árabes al-saqra (campo cultivado), la llanura que comprende el terreno que separa a estas dos grandes ciudades sería sin duda un valiosísimo activo en el dominio de la península durante su larguísima estancia en ella. Terreno fértil, llano, fácil de trabajar para obtener buenas cosechas y abastecer a los mercados toledanos y madrileños.

        Al hilo de esto, durante los años en que fueron publicadas las diferentes ediciones de este Atlas, se estaba meditando la posibilidad de crear una conducción de agua que conectase el río Jarama y el Tajo y ampliar las zonas de riego a todas las tierras del Rey (aparecen en color verde en el mapa) más a las vegas de S. Martín, Ciempozuelos, Seseña, Añover de Tajo y Villaseca, aumentando así su aprovechamiento en épocas de sequía. 

        Es posible, por tanto, que el propio Felipe II encargase a Ortelius un mapa detallado de la zona, a fin de proyectar el trazado. Hay que recordar que la puesta en funcionamiento de la Real Acequia del Jarama no se produjo en su totalidad hasta mediados del siglo XX, pero es una idea de hace más de cuatro siglos que, debido a la limitación de medios, lo poroso del terreno, sumado a otros factores como guerras, situaciones económicas adversas, tuvo muchos intentos de construcción errados, funcionando solo parcialmente hasta la llegada de métodos más eficaces.

    Aquí muestro uno de los planos de los diferentes proyectos que tuvo la Real Acequia del Jarama; es de 1717, más de un siglo después de que la idea de creación de esta conducción de agua fuese puesta en marcha por la Corte. En él se puede ver, aún con más detalle, los nombres de los diferentes pueblos y parajes que conformaban su trazado por aquellos años; muchos de estos hoy ni existen o han sido totalmente transformados.

Plano del proyecto de la acequia del Jarama para regar las tierras del Rey más las vegas deS. Martín, Ciempozuelos, Seseña, Añover y Villaseca, Juan de la Clime, 1717. CCBAE 



        La Sagra, por su orografía llana, puede parecer falta de encanto, pues en estos tiempos tan “turísticos”, donde viajamos tanto y contemplamos diferentes paisajes, tenemos la posibilidad de comparar, y si valoramos la belleza por lo que vemos, efectivamente, no es el mejor de ellos. Pero teniendo en cuenta que antes la gente no se movía tanto, solo se dedicaban a trabajar largas jornadas, de sol a sol casi siempre para poder subsistir, desde luego vivir en esta comarca, dentro de las dificultades y limitaciones de aquellos tiempos, sería más llevadero. Labrar la tierra, llevar el grano a los molinos del Tajo, criar el ganado y comerciar con los productos de artesanía y alimentación haría la existencia, a pesar de todo, un poco más fácil que en contornos más agrestes y abruptos. En aquellas remotas épocas, lo que valía era lo práctico; eso era lo que daba valor a un territorio, y este ciertamente lo ha tenido a lo largo de los tiempos. 

        Ejemplo de ello es que en ningún momento ha sufrido mermas importantes en su población, por movimientos migratorios, incluso aumentando y generando porvenir para las nuevas generaciones, adaptándose en los tiempos a la coyuntura económica, añadiendo el modelo industrial a los también importantísimos agrícola y ganadero.



Carpetanía:

Se entiende el espacio geográfico donde habitaron los antiguos carpetanos desde su etnogénesis alrededor del siglo vi a. C. hasta su integración y/o disolución dentro de la Hispania romana tras la consolidación de su conquista en los albores de nuestra era. Formaba parte de la zona céltica de la península ibérica y su amplitud, así como sus fronteras tuvieron que ser variables con el tiempo en función de la integración de poblaciones en el grupo carpetano o su inclusión en las tribus vecinas mediante procesos de movimiento de población, aculturaciones o vicisitudes bélicas.

 







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