EL REY FELIPE II PASÓ UNA SEMANA SANTA EN SU PALACIO DE ACECA AL DARLE LA GOTA CAMINO DE ARANJUEZ A TOLEDO, DONDE SE DIRIGÍA A PASARLA.
No sé si hay algún villasecano o villasecana que conociera la existencia de este hecho histórico, yo nunca lo había escuchado, así como que hubo una Ermita dedicada a San Pedro Apóstol en Aceca, cerca del Palacio, a la cual peregrinaban con mucha asiduidad, nuestros antepasados de Villaseca.
Felipe II, Sofonisba Anguissola (1565) Museo del Prado.
Tristemente desaparecida al igual que el Palacio, la única memoria que se
conserva de esta existencia la detalla JUAN ANTONIO ÁLVAREZ DE QUINDÓS el año
1804 en el libro "DESCRIPCIÓN HISTÓRICA DEL REAL BOSQUE Y CASA DE
ARANJUEZ". (Disponible en la Biblioteca Municipal para su préstamo).
"La Villa de Villaseca acostumbrada de inmemorial a venir a esta
Ermita de San Pedro con la procesión de rogativa las primeras Letanías de cada
año, presidiendo la Justicia con vara alta."
(pág. 135-136)
En dicho libro, es citada por el autor, una tabla que rememoraba este
grandísimo acontecimiento acaecido en 1596:
"No muy distante del Palacio de Aceca está la Iglesia o Ermita de San Pedro Apóstol que en las visitas hechas por los Visitadores de la Orden los años de 1573 y 1589 se dice que era antigua, y en otra hecha por mandado del Patriarca de las Indias como Pro-Capellán mayor del Rey, se llama Ermita Rural, que prueba ser la parroquia del pueblo que allí hubo, y que no la fundó el Rey Felipe II, sino que la mandó reparar cuando la obra de Palacio, pues en el año 1573 era ya antigua, y así es que no se la ha llamado oratorio como al de Villamejor y demás de los bosques, conservando siempre el de Ermita a pesar de los esfuerzos de Don Luis de Salazar. Verdad es que el Rey paga al Capellán que dice misa allí los días de precepto, y costea la oblata y reparos de la Ermita; pero esto es después de la agregación, que no destruye la antigüedad y origen de esta Iglesia, pues no tiene otro objeto que el beneficio de los guardas, pastores y gentes que se emplean allí. La Ermita es de tapiería de tierra, y el altar de yeso, con una efigie de talla del Santo Apóstol. En una pared hay una tabla con un papel pegado, y dice en él:
"EL REY NTRO. SR. DON FELIPE II LLEGÓ A ACECA CON EL PRÍNCIPE NTRO. SR. Y LA SERENÍSIMA INFANTA DOÑA ISABEL, SUS HIJOS A 30 DE MARZO DE 1596 CAMINANDO PARA TOLEDO A TENER LA SEMANA SANTA Y PASCUA DE RESURRECCIÓN Y HABIÉNDOLE DADO AQUÍ LA GOTA, LE FORZÓ A TENER LA SEMANA SANTA CON TODA LA CORTE QUE TRAÍA. Y EN ESTA ERMITA DE SAN PEDRO SE PUSO EL SANTÍSIMO SACRAMENTO, Y SE HICIERON LOS OFICIOS DE SEMANA SANTA Y MONUMENTO TRAYENDO CLÉRIGOS DE TOLEDO. Y EN LA CAPILLA ALTA DE S.M. SE HIZO EL MISMO OFICIO Y MONUMENTO CON CANTORES QUE VINIERON DE MADRID DE SU CAPILLA Y CAPELLANES QUE TRAIA CONSIGO. Y ASÍ CUMPLIERON CON EL PRECEPTO DE LA IGLESIA MÁS DE MIL ALMAS DE COMUNIÓN, Y ESTUVO EL SANTÍSIMO SACRAMENTO HASTA EL 19 DE MAYO, QUE SALIÓ S.M. PARA TOLEDO. EN ESTE TIEMPO HUBO GRAN FRECUENCIA DE SACRIFICIOS Y SERMONES, Y HABIENDO EXPUESTO EL SANTISIMO SACRAMENTO LE CONSUMIÓ ESTE DICHO DÍA.
GARCIA DE LOAISA, MAESTRO DEL PRÍNCIPE, CAPELLÁN MAYOR DE S.M. Y GOBERNADOR
DEL ARZOBISPADO DE TOLEDO POR EL SERENÍSIMO SEÑOR ARCHIDUQUE CARDENAL DE
AUSTRIA". (pág. 134-135)
El momento en que nos deja constancia de todo esto Álvarez de Quindós, es unos años antes de la guerra de la Independencia, donde el Palacio de Aceca, ya en estado de semiabandono, fue destruido por las tropas francesas, que seguro también se llevarían por delante la Ermita, y así la desaparición de la tabla que relataba tan magno acontecimiento.
Según lo narrado, no se escatimó en nada, para que Su Católica Majestad
junto a sus hijos el príncipe de Asturias, futuro rey Felipe III y la infanta
Isabel, pasaran de la manera más digna posible la Semana Santa, en una humilde
Ermita rural. Con certeza durante generaciones, aquellas solemnes y regias
jornadas serían recordadas por nuestros ancestros, que no olvidarían fácilmente
ese grandioso despliegue de la Corte, en los cerros de Aceca.
Afortunadamente, recuperamos la memoria perdida con el correr de los tiempos, de un hecho más, que nos hace sentirnos orgullosos de nuestro rico pasado.



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