VILLASECA 1930, UNAS ESCUELAS NUEVAS, UN MARAVILLOSO LEGADO.



  AUDIO EN IVOOX


    Este camino, que comencé hace algún tiempo, me va guiando progresivamente a ocasiones trascendentales de nuestra historia local, siempre desde la más estricta modestia y mis sencillas posibilidades me permiten.
    Esta vez, el viaje a la Villaseca del pasado, se detiene en el cambio de década de los 20 a los 30 del siglo XX.

    Ahí, en ese momento, se encuadra uno de los acontecimientos susceptibles de cambiar un pueblo, una sociedad, como es la creación de las primeras instalaciones de su historia para las escuelas municipales, en ese período llamadas nacionales. Hace cien años, no existía un edificio público que las albergara. Hoy en día esto puede parecer difícil de entender y hasta de creer, pero, en Villaseca esto era así, como en tantos y tantos pueblos, no había un inmueble como tal, para este derecho básico de cualquier comunidad.

    Las autoridades conscientes de que, el progreso no daba otra opción y para poder avanzar no quedaban más caminos, percibieron esto, recogieron el guante y con gran acierto lo pusieron en marcha. Durante aquellos años, hubo una apuesta decidida por revocar la situación de dejadez de la instrucción pública que se había producido a principios del siglo XX, donde una inmensa mayoría de la población española era analfabeta, especialmente en las zonas rurales, como era nuestro caso.

    Los tiempos turbulentos vividos en esos inicios de siglo, con una España sumida en una crisis crónica y de identidad después de la pérdida de sus últimas posesiones en ultramar, donde había infinidad de cambios de gobierno (algunos no duraban ni un año) fueron los causantes de semejante situación.


    En nuestra provincia, concretamente, se fueron levantando nuevos edificios de primeras letras y Villaseca también obtuvo la construcción de uno de ellos. Esto supuso un hito, sobre todo para que la gente más humilde tuviera la posibilidad de escolarizar a sus hijos, y de esta manera poder optar a tener una formación académica de mayor nivel. Algo tan normal hoy, era un auténtico lujo en tiempos pasados.
Aspecto que pudieron tener las escuelas en su inauguración.


     Así, en marzo de 1930, una vez erigida la nueva edificación de enseñanza, tuvo lugar la inauguración por las autoridades civiles y eclesiásticas. Y aquí, voy a destacar especialmente al villasecano más importante de todos los tiempos, como se nos dice por la Real Academia de Historia, el Doctor Manuel Márquez Rodríguez, principal mecenas para esta conquista. Diferentes artículos de prensa relatan por aquellos años, como las gestiones a través de sus influencias en la capital de España, donde era una eminencia indiscutible como catedrático de Medicina en la rama de Oftalmología, ocupando cargos de mucha relevancia, fue óbice para conseguir este logro para Villaseca.


    Más importante si cabe, aparte de tener unas buenas aulas, era dotarlas del correspondiente material didáctico para que todos los niños y niñas, en igualdad de condiciones, pudieran gozar de él, teniendo en sus manos los medios para su correcta formación, y aquí, dio el resto Márquez, donando todos estos presentes imprescindibles; esto tuvo el merecido reconocimiento en el homenaje que le hizo hijo predilecto de Villaseca. No puede pasar inadvertida su mujer, la también doctora Trinidad Arroyo, gran defensora de la educación universal para todas las clases sociales, sobre todo para las más desfavorecidas, como así está más que reconocido en su ciudad natal, Palencia. Allí tiene el honor de haber sido la primera mujer bachiller, así como dar nombre al más prestigioso instituto de educación secundaria de aquella ciudad, donde también existen unas becas a su nombre para este nivel de enseñanza, como dejó dispuesto en su testamento. Sin duda, se puede afirmar que el tándem Márquez-Arroyo fue un gran benefactor de la educación, pues al morir sin descendencia, donaron su fortuna a estos prodigiosos fines.


Fastuoso homenaje en nuestro pueblo, el 19 de octubre de 1930, en honor al doctor Márquez, en el centro de la imagen con sombrero en mano, junto a él su esposa Trinidad Arroyo. 
 (imagen de periódico mejorada y coloreada con IA).


    El doctor Márquez, máxima celebridad de la Oftalmología, nació en el seno de una familia humilde, afincada en el barrio de Aceca. Su padre era guarda de Patrimonio Real, estando al cargo del paso del puente de madera existente por aquel entonces y habitando la casa pontazgo situada junto a este. A pesar de su humildad, logró llegar a lo más alto del intelecto de este país, él tuvo la suerte de ser apadrinado por la relación de su padre con la corona, que facilitó sus estudios, pero ¿cuántos y cuantos talentos quedarían por el camino, al no tener posibles?, estoy seguro de que el afán del doctor por ayudar a la enseñanza pública universal tiene que ver bastante con esto.


    Una prueba de la maravillosa obtención para Villaseca es que algunos de nuestros pueblos vecinos, no tuvieron escuelas como tal hasta años más tarde.


    Imaginemos por un momento... la situación educativa de la villa, en ese interludio, era esta: "había quintas casi enteras que no sabían ni firmar", así lo describe el periodista José Manuel Santos, otro de nuestros paisanos ilustres, que también merece unas cuantas líneas por su enorme producción de noticias relacionadas con nuestro pueblo. Centrándonos en nuestra coyuntura, Santos nos cuenta que, sin embargo, a finales del siglo XIX la mayoría de los niños sí que eran correctamente instruidos. A causa de lo que antes se ha dicho, achacamos la situación nacional, al precario estado de la enseñanza, que en tiempos anteriores no era así, no a la voluntad de las autoridades y gentes de los pueblos, que estarían en su mayoría deseosas de tener medios para salir de la estrechez.


    El edificio en cuestión se sitúa en la Plaza de la Cruz Verde, (hoy en día es consultorio médico) pero la mayoría hemos conocido ahí las escuelas, que estuvieron funcionando conjuntamente a otras estancias como fueron la planta superior de la audiencia vieja en la Plaza Mayor, el Hospital de San Bernardo o las antiguas aulas de la Plaza Miguel de Cervantes (hoy desaparecidas). Hasta la década de los 90 del siglo pasado tuvieron uso, ya las nuevas generaciones que han ido formándose, lo han hecho de manera centralizada, en los nuevos edificios de la avenida Marqueses de Montemayor.

Imagen aérea de Villaseca tomada en 1945, en la que podemos observar como el edificio de las escuelas, era el primero que encontrabas a la derecha entrando al pueblo desde la carretera, (coloreada con IA).





    Fueron inauguradas el 9 de marzo de 1930, construidas por el Estado con aportación del Ayuntamiento, así informó del acto Santos en EL CASTELLANO:

    "Con asistencia de las autoridades y del vecindario en masa, se celebró ayer la apertura oficial de las nuevas escuelas nacionales. El acto fue presidido por el alcalde don Benito Toledo, y se pronunciaron discursos enalteciendo la mejora para la enseñanza y cultura popular por el señor Perales, del Instituto de Previsión, maestros, doña Aurora Rodríguez y don Justino Pérez, y párroco don Alberto Manzano. A la terminación se obsequió a los invitados y escolares con un “lunch”. Enviaron telegramas de adhesión al ilustre catedrático doctor Márquez, hijo de la villa y el inspector jefe de Primera Enseñanza señor Lillo Rodelgo".

 

    Esta es la noticia en el semanario EL MAGISTERIO ESPAÑOL:

    "Los edificios son amplios, alegres, higiénicos y están perfectamente situados. Los escolares, con sus nuevos uniformes, formaron filas, precedidos de la venerada insignia de la patria, y al frente de sus respectivos Maestros partió la comitiva desde la Casa Consistorial hasta los nuevos locales.

    Rezadas en ellos las preces de ritual en la bendición de los salones, hicieron uso de la palabra el párroco y Maestros, así como también el Director de la Caja de Previsión; las niñas recitaron preciosas poesías alusivas al acto y su cultísima e ilustrada Maestra, doña Aurora R. Moratinos, pronunció, con dicción clara y galanura de estilo, un elocuente discurso lleno de verdadero entusiasmo, en el que supo poner, una vez más, de relieve su vastísima cultura, siendo ovacionada con delirante emoción por el pueblo en masa, que sabe apreciar su labor en cuanto vale".

    

    Más tarde nuestro antiguo colegio fue visitado y supervisado por la máxima autoridad de la enseñanza en la provincia, el señor Eusebio José Lillo Rodelgo, también ese mismo año. Fue un hombre al que se le reconoció su gran labor por dar un impulso al aprendizaje de primeras letras en las zonas rurales, y la provincia de Toledo tuvo el honor de ser una gran temporada su lugar de trabajo. Así lo resaltó el doctor Márquez, en su discurso el día del gran homenaje que Villaseca brindó a su paisano más ilustre, donde citó la admirable disposición del señor Lillo Rodelgo, para llevar a cabo este excelente fin, con nuestro pueblo en particular.

    Esta es la descripción de esa jornada por Jose Manuel Santos, en “EL CASTELLANO” un 27 de junio de 1930:

VISITA DEL SEÑOR LILLO RODELGO A LAS NUEVAS ESCUELAS DE VILLASECA.

    "Villaseca ha tenido la honra de recibir la visita del culto y celoso inspector de Enseñanza de la provincia, señor LiIlo Rodelgo. La instrucción pública de los niños en este pueblo como en muchos, por desgracia de nuestra patria ha venido siendo un factor muy secundario.

    Yo he conocido reemplazos de quintos de no saber firmar las papeletas de citación ¡tres cuartas partes de los mozos que entraron en los mismos!, atraso que data desde hace treinta años.

    Los que antes de primero de siglo -hombres y mujeres- fueron a las escuelas, saben, más del noventa por ciento, leer y escribir.

    Ahora se trajea mejor la gente, se gastan para lucimiento en las chaquetas y chalecos, plumas estilográficas, pero la mayoría son estas como la “carabina de Ambrosio” ...

    Al asunto...

    El señor Lillo Rodelgo llegó a ésta con el exclusivo deseo de ver las nuevas escuelas locales que, acompañado de las autoridades civiles y eclesiástica, inspeccionó minuciosamente, quedando altamente complacido de su construcción y condiciones pedagógicas.

    En la escuela de niñas, donde estuvo para saludar a la profesora doña Aurora Rodríguez Moratinos, elogió el estado de instrucción de las alumnas, todas muy bien uniformadas y, así mismo, los trabajos que les fueron presentados. Al final de la visita las niñas entonaron admirablemente unos cánticos, y la señora maestra fue muy felicitada por el señor Lillo y demás concurrentes. 

    Desde esta clase el inspector pasó a la de los niños, de la que es profesor reciente en propiedad don Isabelo Sánchez Vilar, muy entusiasta por la enseñanza, de quien se espera ¡que buena falta está haciendo! Una fecunda labor para la cultura de esta villa en los que han de ser los hombres del porvenir.

    El señor Lillo Rodelgo, después de enterarse del estado en que se encuentran las secciones hizo un amenísimo discurso sobre los progresos que deben acometerse en estas escuelas.

    Y terminó Rodelgo evocando el nombre del doctor Márquez, hijo del pueblo haciendo a los niños varias preguntas sobre si conocían a tan ilustre catedrático universitario, quien descendiente de modestísimos y honrados padres, es una gloria de la Medicina hispana y un galardón para Villaseca, donde nació y aprendió las primeras letras.

    Y a tenor de esto propuso la creación de una o dos becas que, con el Título de tan eximio oftalmólogo, tengan como finalidad dar carrera facultativa, de arte u oficio que no pueden adquirirse en un pueblo, a los más aventajados niños pobres concurrentes a las escuelas, rogando a todos que coadyuven a esta obra en pro de la cultura local, prometiendo volver a visitar esta villa el día del homenaje al doctor Márquez.

    El señor inspector se despidió de todos haciendo un elogio del profesor señor Sánchez Vilar, esperando que los padres de los niños se preocupen lo más posible de la puntualidad y asistencia de éstos a las clases, en lo que han de poner todo el mayor celo las autoridades.

    Al despedirse el señor Lillo Rodelgo tuvo muy gratas palabras para el vecindario y la representación de EL CASTELLANO, pidiendo una oración del Padre Nuestro por los bien hechores que contribuyeron con sus gestiones para dotar a Villaseca de los edificios escuelas que tanto la dignifican, entonando los alumnos la canción de “El joven colegial”.

    Muchas felicitaciones recibió por su brillante conferencia el señor inspector de Enseñanza".

 

SANTOS.

 

    Aquellos villasecanos lograron que nuestra villa no perdiera el tren del progreso, dando un más que elogiable impulso a la educación de sus hijos en esos convulsos años. Esto tiene un incalculable valor al cual ahora, desde nuestra perspectiva, podemos dar el mérito que realmente tiene, si somos capaces de situarnos en aquel contexto histórico, donde la situación económica del municipio no era ni de lejos la que ahora tenemos. Ya durante todo el siglo XX se fueron ampliando con nuevas aulas y casas para los maestros, en los terrenos contiguos donde hoy se ubica la residencia de mayores, así como un enorme patio de recreo. Igualmente, nuevos edificios fueron construidos en la Plaza Miguel de Cervantes, todo esto hoy en día está desaparecido. Solo se conserva el edificio en cuestión, al que, sin duda, podemos considerar como un bien de interés cultural de nuestra historia como pueblo.

    Quiero destinar a las nuevas generaciones este artículo, para que sepan lo difícil que les fue a sus antepasados el derecho a la enseñanza, siendo escaso y de difícil acceso, para que valoren lo que aquí entrelíneas he querido plasmar, la enorme diferencia de nuestra sociedad con aquella que vivieron nuestros abuelos. 

    Ellos, merecen nuestro máximo respeto y admiración, pues en la mayoría de los casos, inculcaban con ahínco a sus hijos el aprovechar al máximo sus etapas de estudios. La experiencia que ellos vivieron, por la falta de este derecho y siendo testigos de primera mano, de este maravilloso cambio de la educación básica en Villaseca, les haría ver la verdadera necesidad de una buena formación para afrontar la vida, indubitadamente un grandioso legado.






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