DEL DOCTOR MANUEL MÁRQUEZ RODRÍGUEZ, INTRODUCTOR EN ESPAÑA DE NUEVAS TÉCNICAS OFTALMOLÓGICAS QUE OPERÓ A GALDÓS DE CATARATAS.


Márquez Rodríguez, Manuel. Villaseca de la Sagra (Toledo), 14.III.1872 – Ciudad de México (México), 12.VI.1962. Médico, catedrático, oftalmólogo.




"Entre vítores y disparo de cohetes", así fue recibido el Doctor Manuel Márquez Rodríguez en Villaseca un 19 de octubre de 1930, con motivo del homenaje que las autoridades locales habían preparado en su honor. Y es que no podía ser de otra forma, tal persona era merecedora de esto y mucho más, su grandísima aportación al mundo de la medicina en la rama oftalmológica aún hoy en día es reconocida, y por ello en nuestro pueblo se le rindió honores. Estamos hablando de uno de los villasecanos más importantes de toda su historia, sino el que más. Se le nombró hijo predilecto y se le puso su nombre a una plaza. Aparte de sus logros profesionales, facilitó mucho las gestiones para la instalación de una centralita telefónica en la villa. Igualmente colaboró en la construcción de un nuevo colegio preocupándose de que estuviera dotado adecuadamente de material, para la correcta formación de los niños y niñas de nuestra localidad, sendos y meritorios motivos ambos, para ser honrado en su pueblo natal.

En este recorte de prensa, podemos observar al gentío que se dio cita para recibir al ilustre doctor aquel día. Aquí se nos describe al detalle cómo se desarrolló aquella jornada, seguro que de las más importantes que se hayan vivido en nuestra historia local.










Imagen anterior mejorada y coloreada con IA

Les dejo el enlace a su biografía completa. Fuente: Real Academia de la Historia.


Hay que destacar, como uno de sus principales logros, la introducción del oftalmómetro en nuestro país. Este aparato que hoy en día es normalmente utilizado en las revisiones ópticas, llegó a España de manos del Doctor Márquez, seguro que les es muy familiar si han tenido que pasar consulta alguna vez. Con él nos pueden medir la curvatura del ojo, imprescindible en cualquier diagnóstico ocular. A partir de ahora recuerden, que un vecino nuestro fue el que lo trajo hasta nosotros, después de trabajar junto a las mayores eminencias europeas del ramo.

Oftalmómetro principios del siglo XX



También se le atribuye la readaptación de la escala optométrica, ese conjunto de símbolos que en una revisión rutinaria de la vista utilizan los doctores para calibrar las dioptrías. Todos sabemos de qué se trata, es ese conglomerado de filas de signos con los "palitos" abiertos en diferentes direcciones que van reduciendo su tamaño, si no llegas a verlos con claridad ya sabes que las gafas serán tus próximas compañeras. Pues esto también lleva la firma del Doctor Márquez.


He de mencionar asimismo que trató de catarátas a Benito Pérez Galdós, en los años 1911-12 operándolo de los dos ojos. Aparte de ser su médico, mantuvieron una relación de amistad como se puede adivinar a través de estas misivas que se remitieron.

Esta desde Viena, en uno de sus viajes instructivos por Europa.


  
Y esta otra desde Bohoyo en Ávila, donde se encontraba de vacaciones en ese momento.



Fuente: Casa Museo Pérez-Galdós.

Miembro de la Real Academia de la Medicina, ocupando el sillón nº47, la toma de posesión estuvo presidida por S. M. Alfonso XIII.
En esos momentos, ahí estaban como miembros destacados entre otros, los premios Nobel Santiago Ramón y Cajal y Gregorio Marañón, casi nada.


Con el final de la guerra civil, al estar posicionado en el lado republicano, tuvo que exiliarse a México, donde ya fijaría su residencia de por vida. Allí continuó su labor con gran brillantez, que a su vez fue reconocida en varios paises de Europa y Ámerica, siendo nombrado miembro de honor en diferentes y prestigiosos estamentos médicos.

Presidente de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, miembro de Honor de la Sociedad de Oftalmología de Viena y Presidente del XIV Congreso Internacional de Oftalmología celebrado en Madrid. Presidente de Honor del primer Congreso Nacional de Oftalmología desarrollado en México. Miembro de Honor de la New York Society for Clinical Ophthalmology y Miembro Honorario de la Asociación Panamericana.


Don Manuel en sus últimos años de vida.



Paradójicamente, sus últimos años estuvo privado de la vista, aquel que a tantos curó, sufriendo desprendimientos de retina, cataratas y glaucoma. En México falleció un 12 de junio de 1962 sin descendencia, donando su fortuna a becas para estudios. Allí reposaron sus restos junto a los de su esposa Trinidad Arroyo hasta el año 2010, cuando la Fundación palentina que lleva el nombre de su mujer, consigue recuperar las cenizas de ambos, depositando las urnas en el Panteón familiar de Trinidad en el cementerio municipal de Palencia un 24 de noviembre , celebrándose un acto de exaltación de ambas figuras.

Claramente, estamos ante toda una eminencia de la Oftalmología de todos los tiempos, siendo hoy en día sus libros y tesis utilizadas en los estudios de la especialidad. Nacido en Villaseca, de familia humilde llegó a la cumbre del intelecto en nuestro país, sin duda, esto serviría como ejemplo a sus alumnos, y los tuvo muy buenos, para demostrar que con esfuerzo y dedicación se puede lograr llegar a lo más alto.

Más datos sobre el doctor Marquez extraídos del libro CIENCIA ESPAÑOLA EN EL EXILIO (1939-1989) EL EXILIO DE LOS CIENTIFICOS ESPAÑOLES, Francisco Giral, pag. 278-279-280-281.

La gran figura en esta especialidad de la Medicina fue, sin duda, don Manuel Márquez Rodríguez (n. Villaseca de la Sagra, Toledo, 1872-1962), catedrático titular de Oftalmología en la Facultad de Medicina de Madrid, que había ingresado al cuerpo docente universitario en 1906, como uno de los primeros números del escalafón universitario cuando inició su exilio en México en 1939.

Antes de comenzar la guerra, don Manuel era miembro honorario de las Sociedades oftalmológicas de Francia, Austria (Viena), Nueva York (EU), Bélgica y México. Durante la República, había hecho trabajos de histología del ojo, colaborando con el propio Cajal, pero también dominaba la física de la visión y había descubierto defectos en la refracción del ojo que estudió con el nombre de esquiascopía. Incluso, cuando diseñó un aparato nuevo para estudiar la esquiascopía, se le ocurrió pedirle a Unamuno que, como catedrático de griego, le sugiriese un nombre para el nuevo aparato. Don Miguel sugirió el de esquiascopodicta, que había sido aceptado por don Manuel.

En 1936, don Manuel era el Decano de la Facultad de Medicina de Madrid y, cuando se inició el ataque rebelde sobre la capital, uno de los primeros bombardeos aéreos afectó a la Facultad de Medicina. Don Manuel, oficialmente como Decano, hizo una denuncia del hecho que tuvo cierta resonancia internacional por su prestigio personal y su entereza al frente del decanato. Por esas mismas razones, cuando llegó a México en 1939 para iniciar su exilio, que solo terminó con el fallecimiento, la figura de don Manuel Márquez adquirió un relieve excepcional como Decano y padre espiritual no solo de todos los médicos exiliados sino también de todos los universitarios. Gracias a esa combinación de virtudes morales y profesionales, el presidente Cárdenas se fijó en él para presidir un Comité que, asesorado por los mejores médicos mexicanos concediese un sucedáneo de títulos revalidados a los 500 médicos exiliados que llegaron a México sin documentos, permitiéndoles de esa manera el pleno ejercicio profesional. Así se creó el Ateneo Ramón y Cajal.

Ese aspecto paternal de don Manuel, para médicos y universitarios, fue perfectamente completado con la figura de su esposa, la Dra. Trinidad Arroyo, oftalmóloga como él y su colaboradora médica, más aún porque la inolvidable pareja de «decanos>> salió al exilio sin ningún familiar pues no tenían hijos. Otro gran complemento de la pareja paternal lo constituía la constante presencia de Manuel Rivas Cherif, su auxiliar en la cátedra de Madrid, secretario del Comité Ramón y Cajal y su compañero permanente.

En México, la presencia de don Ignacio Bolívar, el naturalista del Museo que le llevaba 20 años de edad, hacía indiscutible la preeminencia jerárquica del entomólogo sobre el oftalmólogo, por lo cual don Ignacio fue el primer presidente de la UPUEE. Cuando falleció don Ignacio (1944) ya no hubo dudas para que don Manuel ocupase la presidencia de la UPUEE lo que, sumado a su presidencia del Ateneo Ramón y Cajal, le confería la doble condición de adalid espiritual de los médicos y de los universitarios. Curiosamente, a poco de fallecer don Ignacio, llegó a México don Rafael Altamira que venía de Francia, donde había pasado sus primeros años de exilio. El gran historiador del Derecho, catedrático de Historia de las Instituciones Civiles y Políticas de América, ampliamente conocido en los países hispanófonos de este continente, era varios años mayor que don Manuel y le llevaba varios lugares de precedencia en el escalafón, si bien ya estaba jubilado cuando desembarcó en México.

Tenía cierta gracia -una enternecedora gracia— ser testigo de los inocentes celos jerárquicos entre don Rafael y don Manuel, ya pasada la edad de jubilación, cuando nos encontrábamos en un exilio sin precedentes, rotas todas las relaciones con la Administración oficial española y sin esperanzas de lograr nada que le sustituyese: se trataba simplemente del celo por presidir a los universitarios del exilio, sin más objetivo que el prestigio que ello representaba.

La realidad es que don Manuel Márquez llegó a México con 67 años, en pleno dominio de su actividad administrativa, aunque no tuviese más que un valor simbólico. Ello quiere decir que, en 1942, a los tres años escasos de estar en México, se nos deparó la oportunidad de celebrar la primera jubilación que se presentaba en el exilio mexicano. Jubilación simbólica -por ello, de mayor valor emocional- que celebramos en el Hotel Majestic, con vista al grandioso Zócalo de la ciudad de México, en el mismo lugar y en la misma forma sencilla en que nos reuníamos para todos los actos universitarios del exilio, desde la fundación de la UPUEE.

Era el mismo panorama que se observaba desde el Salón de Cabildos (el más antiguo salón oficial de un Ayuntamiento en el continente americano), al que le sería concedida tres años después la extraterritorialidad para reconstruir en el exilio las Instituciones de la Legitimidad republicana. Por tantos motivos, la sencilla conmemoración de la jubilación de don Manuel Márquez, en el exilio, ha quedado vinculada a la historia de la Universidad del exilio, ligada a su vez con el destino de la Legitimidad Republicana.

Al llegar a México, don Manuel Márquez fue miembro de La Casa de España y después ejerció la especialidad de su profesión.

Al igual que la mayoría de los científicos españoles, que tenían buenas relaciones en Francia, en su efímero paso por suelo francés, al término de la guerra, don Manuel publicó algunos artículos en revistas francesas:

«La visión steréoscopique sans stéréoscope. Fussion et rèlief», Bulletin et Memoires de la Societé francoise d'Ophtalmologie, II, 241, 1939.

«Contribution a l'ètude du grossissement de l'image droite ophtalmoscopique», Arch. d'Oftalmologie, París, 1939.

Llegando a México comenzó enseguida la serie de sus publicaciones:

«El método más exacto de diagnóstico de los pequeños astigmatismos por el empleo de combinaciones bicilíndricas», Oftalmología iberoamericana, II, 165, 1940.

«El cálculo en dioptrías», C., I, 193, 1940.

«Cómo vemos y porqué vemos mal o no vemos», Romance, I, n.o 6, 1940. «Cajal y el Imperio español», España peregrina, II, n.o 8-9, 65, 1940. «Una nueva escala optométrica práctica», An. Soc. Mex. Oftalm. Otorrinol., XV, 335, 1940.

«Cuestiones oftalmológicas», Ed. El Colegio de México, 1941.

«Crítica de los llamados procedimientos modernos, en comparación con los llamados antiguos, de extracción de la catarata», Ans. Soc. Mex. Oftal- mol. Otorinoloring., XVI, 253, 1941.

«Las especialidades singularmente la Oftalmología en relación con la Medicina general en sus aspectos profesionales y docente», Primer congreso Nal. Medic. Interna, México, 1941.

«Algo sobre la historia de los anteojos, con notas sobre su uso en Hispanoamérica en los siglos XVI y XVII», Cuadernos Americanos, I, n.° 4, 144, 1942. «Astigmatismo y biastigmatismo».

«Great usefulnes of biocylindric combinations in exploration of astigmatism», Amer. J. Ophtalmol., XXV, 1458, 1942.

«Semiología de la diplopia binocular I», Arch. Méd. Mex., I, n.° 7, 3, Monterrey, 1943; íd. II, íd. n.o 8, 3.

«Cajal investigador y maestro», Ans. Medic. Ateneo Ramón Cajal, n.o 1, 5, 1943.

«Las ambliopias y amaurosis de origen medicamentoso», Arch. Asoc. para evitar la ceguera, II, 163, 1944.

«Don Ignacio Bolívar Urrutia», C., VI, 97, 1945; semblanza necrológica escrita con el médico mexicano Ignacio González Guzmán y el entomologo norteamericano Artur C. Baker.

«Interpretación de la mecánica oculomotora a la luz de los principios generales que la rigen», C., VII, 97, 1946.

«Manual de oftalmología clínica y teórica», México, Cuadernos oftalmológicos, 276 pp., 1949.

«Más aportaciones a la teoría de Cajal sobre el entrecruzamiento de las fibras nerviosas en el quiasma óptico», C., XII, 65, 1952.

«Oftalmología especial teórica y clínica», México, La Prensa Médica Mexicana, 786 pp., 1952.

Su leal auxiliar y colaborador, M. Rivas Cherif escribió su biografía, al fallecer don Manuel, en C., XXII, 1, 1962.

Una gran figura del exilio de los científicos españoles republicanos, a don Manuel Márquez se le recordará siempre con respeto y admiración.







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