ANDRÉS CARRANQUE DE RÍOS, El insólito y genial escritor hijo de un villasecano que llegó a codearse con la generación del 27

    En el siguiente artículo voy a hablar de este autor poco conocido por muchos, hijo de un vecino de Villaseca emigrado a Madrid a finales del siglo XIX, en busca de trabajo. Un verdadero portento sobre todo como escritor y que también hizo intentos en el mundo del celuloide, para hacerse un hueco como actor en los primeros años del cine español.

    Tuvo una vida muy corta y a la vez intensa, en unos años de profundos cambios sociales. Nacido en el seno de una familia humilde, tras un largo periplo lleno de vicisitudes y desventuras, alcanzó un puesto de honor en la literatura española anterior a la guerra civil, junto a la generación del 27, al que un cáncer de estómago truncó su meteórica carrera en el mejor momento, como a continuación veremos.




Se trata de: 

    Andrés Carranque de Ríos, 25-IV-1902 — 06-X-1936, fue el mayor de los ca­torce hijos que tuvo un humilde matrimonio, afin­cado en el madrileño barrio de La Latina,  formado por Juan de Mata Carranque Martín que nació en Villaseca de La Sagra un 10 de Febrero de 1876 en la calle de la Cruz Verde, 9 y Custodia Ríos del Campo, natural de Calzada de Calatrava.

    Lejos del estudio, sus primeros años se dirigieron hacia la su­pervivencia económica, lograda gracias a diversos trabajos y oficios —recogió carbón, fue aprendiz de ebanista, vendió revistas a comisión y trabajó como albañil— con los que ayudaba en casa. El trabajo duro y el contacto con radicales grupos de izquierda le incitaron a la lucha social, que llevó a cabo en su adolescencia por medio de la organización de manifestaciones y la escritura de panfletos revoluciona­rios. En una de esas revueltas callejeras, fue detenido y conducido a prisión. Esa experiencia, al fin y al cabo, le resultó positiva, porque le sirvió para des­cubrir el placer de la lectura, a la que además pudo dedicarle tiempo. En efecto, se convirtió en un lec­tor voraz y se aficionó tanto a la letra escrita, que se lanzó a la tarea de romper él mismo el blanco del pa­pel. Cuando hubo cumplido su condena como preso político, hizo el primero de los cuatro viajes a Francia que realizó a lo largo de su vida, para probar suerte en un escenario diferente. 

    Sin embargo, a inicios de la década de 1920, la vida seguía siendo complicada para un joven sin recursos ni influencias, así que tuvo que regresar a España. Volvía igual de pobre, pero con un poemario bajo el brazo: Nómada (1923), un libro de poemas de tinte ácrata que le publicó en Ma­drid un huevero anarquista. El volumen no tuvo repercusión alguna —se vendieron cinco ejemplares en todo el país—, pero eso no le desmoralizó y conti­nuó escribiendo. 

    Al año siguiente, La Voz le publicó su primer cuento Un astrónomo (1924). Estaba real­mente emocionado, pero el dinero cobrado apenas le daba para comprarse unos zapatos nuevos, como declaró años después en una entrevista concedida a la prensa, de modo que combinó los oficios que había venido ejerciendo —a los mencionados, cabe añadir los de marino, mánager de boxeo de uno de sus her­manos y modelo de desnudos en la Escuela de Bellas Artes— con el intento de participar como actor en alguna película. Al principio, se le dio bien gracias a su físico de moreno espigado con ojos penetrantes y su nombre se encuentra en los créditos de cinco cin­tas, rodados entre 1927 y 1933. Zalacaín el aventu­rero (1931), adaptación de la novela homónima, es su interpretación más valiosa. No estaba hecho para el cine, pero este último proyecto le sirvió para cono­cer a su admirado Pío Baroja. Con la excusa de que habían coincidido en el rodaje, fue a verlo en Madrid con el manuscrito de su primera novela, Uno, para que le diera su opinión y, si al maestro le apetecía, le escribiera un prólogo.

    Una página, no excesivamente elogiosa, acredita la confianza que el escritor consa­grado depositó en el novel. En definitiva, Uno apa­reció publicada en la editorial Espasa Calpe (1934) con un prólogo de Pío Baroja. El realismo, el estilo sintético y la desesperanza de los personajes, que es­condían bajo el relato la autobiografía, gustaron a la editorial que, al año siguiente, le ofreció otro con­trato por la novela La vida difícil (1935), obra que continuaba en la línea de explicar las desventuras de un personaje anarquista enfrentado con el mundo. Como si se tratara de una trilogía, al año siguiente apareció Cinematógrafo (1936), la última y más tra­bajada de sus obras. Si en la primera un alter ego na­rraba sus experiencias en Madrid y en la segunda en Francia, la tercera relata con detalle su sórdida expe­riencia en el mundo del cine español. Los novelistas rusos que había leído con fruición —Chéjov, Gorki, Dostoievski, Kuprin— se apreciaban en los relatos realistas y descorazonados, y gracias a ese estilo di­recto y nihilista vivió un espectacular éxito litera­rio. Siguió trabajando con entusiasmo en una cuarta obra y en una recopilación de cuentos, pero le llegó la muerte temprano. Enfermó de un cáncer irrever­sible y el 6 de un octubre bélico, el de 1936, falleció. Fue enterrado en el cementerio de la Almudena de Madrid, donde hoy todavía reposan sus restos. Al fi­nal de su corta vida había escrito poemas, cuentos y artículos —destacan las crónicas que envió a El He­raldo de Madrid desde París en 1935, como enviado especial al I Congreso de Escritores Antifascistas— para La Voz, Ahora, Estampa, Nuevo Mundo, Ciudad y Tensor y había publicado tres novelas.

    Una carrera prometedora quedaba truncada. Sus novelas son un claro precedente del tremendismo de posguerra y por ellas puede situarse al autor junto al grupo de narradores sociales que integraban tam­bién Ramón J. Sender, José Díaz Fernández, Joaquín Arderíus, Alicio Garcitoral, Ángel Samblancat y Rosa Arciniega, entre otros. Fue una generación perdida tras el ruido de las bombas y sus textos murieron con sus autores o se fueron al exilio al final de la Gue­rra Civil. Hoy las obras de Carranque pueden leerse como el testimonio de un hombre que intentó cam­biar la visión del mundo por medio de la escritura; sin embargo, le faltó tiempo.



Obras de ~: Nómada, Madrid, Librería de Fernando Fe, 1923; Uno, pról. de P. Baroja, Madrid, Espasa Calpe, 1934; La vida difícil, Madrid, Espasa Calpe, 1935; Cinematógrafo, Madrid, Espasa Calpe, 1936; De la vida del señor Etcétera y otras historias, pról. y notas de J. L. Fortea, Madrid, Helios, 1970; Obra completa de ~, ed., intr., cronología y bibliografía de J. L. Fortea, Madrid, Ediciones del Imán, 1998.



Bibl.: C. Sampelayo, “Las vicisitudes de Carranque de Ríos, autor de Uno”, en El Heraldo de Madrid (Madrid), 2 de noviembre de 1934; A. O. S., “Carranque de Ríos: una vida intensa que desaparece”, en Mundo Gráfico, 1302 (1936); M. Arroita-Jáuregui, “Introducción a Carranque de Ríos”, en Pueblo (Madrid), 28 de febrero de 1959; C. Lagos (ed.), Cuadernos de Ágora, 75-78 (1963); A. Tovar, “La novela en España. Sobre Cinematógrafo y Carranque de Ríos”, en Gaceta Ilustrada, 28 de diciembre de 1963; J. Alfonso, Siluetas litera­rias, Valencia, Prometeo, 1967; V. Fuentes, “De la literatura de vanguardia a la de avanzada: en torno a José Díaz Fernán­dez”, en Papeles de Son Armadans, 162 (1969); J. C. Cle­mente, “El retorno de Carranque de Ríos”, en Mundo (Ma­drid), 26 de diciembre de 1970; J. L. Fortea, La obra de Andrés Carranque de Ríos, Madrid, Gredos, 1973; L. Geist, La poética de la generación del 27 y las revistas literarias: de la vanguardia al compromiso (1918-1936), Barcelona, Guadarrama, 1980; M. F. Vilches de Frutos, La generación del “Nuevo Roman­ticismo”. Estudio bibliográfico y crítico (1924-1939), tesis doc­toral, Madrid, Universidad Complutense, 1984; J. Esteban y G. Santonja, La novela social, 1928-1939. Figuras y tenden­cias, Madrid, Ediciones de la Idea, 1987; J. C. Mainer, La edad de plata, 1902-1939, Madrid, Cátedra, 1987; F. Casta­ñar, El compromiso en la novela de la II República, Madrid, Siglo xxI, 1992; J. M. Bonet, Diccionario de las vanguardias en España, Madrid, Alianza Editorial, 1995; B. Bravo Cela, “Carranque de Ríos y el cine”, en Secuencias, 11 (2000); “Ca­rranque de Ríos, el tremendista obligado”, en Cuadernos Hispanoamericanos, 647 (2004); M. Serrano Pascual, Novela y mentalidades. Tres estudios sobre Galdós, Carranque de los Ríos y Aldecoa, Madrid, Siete Mares, 2005.

Apariciónes de Andrés Carranque de Ríos en el mundo del celuloide: 

    Esta en una de sus colaboraciones a partir del minuto 1:03:34, en la adaptación al cine de la famosa zarzuela "Doña Francisquita" del año 1934, donde se le ve coqueteando con una chica y teniendo un rifi rafe con D. Matías (padre del protagonista de la obra).


    En esta otra del año 1929 perteneciente al género mudo, con título "Eloy Gonzalo, el Héroe de Cascorro", también se le puede ver a partir del min. 14:42, aparece con bigote, bombín y traje claro, haciendo un papel protagonista en la cinta. Seguramente por error de los encargados del archivo de TVE, al rescatar la película no incluyen en la lista de intérpretes a Carranque de Ríos, pero sin duda es él quien lo representa.



 
    En este enlace se puede encontrar un artículo en PDF de Blanca Bravo Cela que describe perfectamente toda su carrera cinematográfica.



Como escritor...

    Desconocido para el gran público, pero que los estamentos más entendidos sobre literatura encumbran a un puesto relevante, formaba parte de un círculo de autores ignorados y relegados al olvido, por estar sus ideales posicionados en el lado perdedor de la guerra civil. No fue hasta la década de los sesenta del siglo XX, cuando sus obras fueron rescatadas del limbo donde se encontraban.

    Asistió al Congreso para la defensa de la cultura celebrado en París en 1935, acompañando a lo mejor de la literatura española, algunos miembros de la generación del 27.

    Como prueba de ello, muestro un fragmento de una entrevista realizada a nuestro escritor en el Heraldo de Madrid de 17 de junio de 1935, obtenido en la hemeroteca digital de la BNE, donde se le cita entre el grupo de literatos que asisten a esa importante reunión europea de la cultura, dice así:

    El Congreso se denomina para la "defensa de la cultura", y ha sido organizado por los más prestigiosos valores de la intelectualidad francesa, entre los cuales figuran en primera línea Rolland, Gide, Barbusse, Malraux, Richard Block, Cassou, etcétera, y asistirán del Extranjero Gorki, Dos Passos, Wels, etc. 
De España han sido invitados y han prometido su asistencia Valle Inclán, Manuel Azaña, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Luis Araquistaín, Álvarez del Bayo, García Lorca, Ramón J. Sender y Carranque de Ríos. (esto demuestra donde se encontraba posicionado en ese momento).



    POR TANTO, NO CABE DUDA QUE DE NO SER POR SU TEMPRANA MUERTE Y SUS TARDÍOS COMIENZOS EN LA LITERATURA, HOY ESTARÍAMOS HABLANDO DE UNOS DE LOS GRANDES GENIOS LITERARIOS ESPAÑOLES DE TODOS LOS TIEMPOS.


Enlace donde se puede encontrar en PDF, una descripción más detallada del personaje, también por Blanca Bravo Cela.

Reivindicación de un escritor Andrés Carranque de Ríos



    Un hombre que desde muy muy abajo, con decisión y aguantando verdaderas penurias en su vida, llegó a  encumbrarse con la más alta sociedad madrileña, al que el mismísimo Pío Baroja llegó a prologar uno de sus libros, el titulado "Uno". Como anécdota simpática, he de decir que nuestro autor se molestó con Baroja por haberle llamado golfante en ese prólogo, aunque eso no impidió tener una buena relación con él, que por lo demás solo elogiaba a Carranque.

    Este apellido, hasta donde yo sé, ya no existe en nuestro pueblo, quizás fuesen de los últimos Carranque que vivieron aquí, por lo tanto, difícil emparentarlo con algún vecino; apellido que curiosamente aparece bastante en un censo de Villaseca que he podido ver del año 1752.

    Aunque se ve que ya su vida la establecieron en la capital y poca relación con nuestra villa tuvieron, me ha parecido interesante dar a conocer que un descendiente de nuestro pueblo conversara de tú a tú nada más y nada menos que con los de la generación del 27 y frecuentara con asiduidad esos famosos cafés madrileños, donde se reunían los intelectuales de aquel periodo, más si cabe surgiendo desde un barrio obrero.


        He aquí una entrevista publicada el 23-09-1934, en la revista “Crónica”, donde poder conocer un poco mejor a nuestro protagonista:




    
    Destaco y comparto la reflexión que hace Camilo José Cela en su libro autobiográfico "Memoria, entendimientos y voluntades" donde dice llegar a ser amigo de Carranque de Ríos y que viene a cuento perfectamente para encuadrar a este personaje en esos tiempos convulsos.

    "Mis amigos de aquel tiempo tiraban a la izquierda, propensión que no es ni buena ni mala sino casual y sujeta a modas y conveniencias aún más que a caracteres y temperamentos; ahora que ya lo veo casi todo con cierta tolerante y aburrida perspectiva, entiendo muy razonable que cada cual creyera o dejase de creer según soplara el viento".

La historia no deja de descubrirnos estás sorprendentes cosas relacionadas con nuestro pueblo. Espero seguir encontrando más...



Menciones:

-Real Academia de la Historia.

-Blanca Bravo Cela, "Andrés Carranque de Ríos", reivindicación de un escritor.

-Hemeroteca Digital, BNE.







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