EL MARQUESADO DE MONTEMAYOR, DE LA GRANDEZA A LA DECADENCIA.
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El título de marqués de Montemayor fue conseguido en 1538 por el servicio a la corona del capitán general de Toledo, D. Juan de Ribera y Silva, en tiempos convulsos como fueron los vividos en la guerra de las comunidades de Castilla en 1521. La intervención en aquel momento histórico, dando batalla y derrotando al Obispo Acuña y sus mesnadas, acaecido en el Castillo del Águila, le valió su obtención y mantuvo su importancia a través de sus herederos durante el siglo XVI, mientras la corte real tuvo en Toledo la capital del Reino. En aquel momento, este título era de los más importantes de España.
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| Escudo de los Silva y Ribera presidiendo el altar mayor de la Iglesia de Santa Leocadia |
Felipe II decidió el traslado de la capital en 1561 a Madrid, pero la casa Silva prosiguió en la ciudad imperial hasta la muerte en 1609 del tercer heredero del marquesado, donde seguía siendo una de las más poderosas e influyentes en su gobierno, pasando muchas temporadas en Villaseca. Este Juan de Silva, nieto del primer marqués, al que atribuimos ser el retratado por El Greco en el cuadro "EL CABALLERO DE LA MANO EN EL PECHO" (más info aquí), no deja descendencia, y el título pasa a un sobrino suyo llamado Juan Luis. A partir de aquí dejan de habitar su Palacio de Villaseca durante unas décadas, pues se trasladan a Madrid a la corte real de Felipe III. La mayor distancia de nuestro pueblo con Madrid, respecto a Toledo, no hace cómoda su utilización como segunda residencia.
Este "cambio de aires", que sin duda podía ser provechoso para los intereses del estado de Montemayor, para nada fue así. Lejos de beneficiarles, les fue mermando progresivamente sus influencias en asuntos de gobierno. Un ejemplo claro de esto es la pérdida del cargo de Alcaide del Alcázar, puertas y puentes de la ciudad de Toledo, siendo tradicional que fuese pasando de padres a hijos o herederos de la casa Silva. El cuarto marqués ya fue desposeído de este cargo; aunque lo reclamó en varias misivas dirigidas al rey, estas no tuvieron la respuesta esperada. En Toledo eran poderosos; sin embargo, en la corte madrileña unos más, donde las disputas por encumbrarse a una buena posición traían intrigas, tensiones y peleas por mantener o agrandar la importancia dentro de la nobleza, cercana a la corte real.
Y aquí llegamos al punto clave de la decadencia. Para deducir en qué momento pudo producirse la caída en picado de su prestigio, hay que remontarse a una reyerta que se produjo un 20 de diciembre de 1635 en el nuevo y recién inaugurado Palacio del Buen Retiro, durante la celebración de una de las numerosísimas comedias que en aquel entonces se llevaban a cabo y en presencia del Rey Planeta, Felipe IV gran aficionado al teatro.
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| El Buen Retiro en 1637, Jusepe Leonardo. |
Juan Francisco de Silva Ribera, en ese momento intitulado como marqués del Águila (más tarde V marqués de Montemayor por herencia de su padre), se vio implicado en un altercado junto a Juan de Herrera, de la Orden de Santiago, caballerizo del principal valido del rey el Conde-Duque de Olivares, llegando a golpearse y desenvainar sus espadas; sin duda, un terrible atrevimiento en presencia del monarca. Por este desgraciado suceso, fue expulsado de la corte madrileña, donde habían logrado establecerse de manera permanente a través del IV marqués Juan Luis de Silva Ribera, su padre. Este despropósito, provocó en primer término que fuese condenado a muerte, sentencia que se vio aliviada en forma de destierro a Villaseca, donde él y sus sucesores se asentaron ya de forma definitiva.
Si te gustan las historias de caballeros, en este enlace puedes ver con detalle el documento que describe aquella reyerta en la corte madrileña. Lucha con espadas, carteles por todas partes retándose a duelo y un combate con un final inesperado. Un documento muy interesante, conservado en la Biblioteca Nacional, y del que hay muchas referencias, dado que una pelea en palacio en presencia del rey es un episodio extraño y poco habitual en la historia.
Una vez situada aquí, en Villaseca, la sede del estado de Montemayor, la caída del prestigio continúa dada la poca pericia que debieron tener con la economía. El tremendo patrimonio creado por sus antecesores requería de muchas rentas, que, lejos de aumentar, fueron disminuyendo, lo que derivó en la pérdida de su estatus social y un abandono del mantenimiento de sus bienes, como fue el caso del Palacio de Villaseca, que era su residencia, o el Castillo del Águila en Villaluenga, pasando el título a ser considerado de "segunda".
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| Castillo del Águila en 1925 poco antes de desaparecer |
En la visita que realiza a nuestro pueblo el príncipe heredero de la Toscana, Cosme III de Medici, en 1668, al que recibió el V marqués Juan Francisco de Silva y Ribera, ya se alerta del pésimo estado de conservación en que se encuentra su residencia palaciega. Lo deja por escrito Lorenzo Magalotti, miembro del séquito del príncipe, encargado de documentar lo observado en su Viaje por España y Portugal. Lo describe como "un hermoso palacio, muy necesitado de reforma o pronto será una ruina". (más info aquí)
Sin embargo, Juan Francisco de Silva Ribera se mostró más hábil a la hora de casar a sus hijos, entroncándolos con muchas de las familias nobiliarias más importantes de la época; varias de estas bodas se celebraron aquí en Villaseca. Dos generaciones más de Silvas Ribera residirían en nuestro pueblo; algunos hijos de estos fueron enterrados en la iglesia parroquial de Santa Leocadia, como se deja constancia en la Historia Genealógica de la Casa Silva. Hasta 1746, en que fallece el VII poseedor del título y último descendiente directo, habitaron el Palacio.
A partir de aquí, es abandonado como residencia, pues los que heredan la propiedad del marquesado no tienen ningún arraigo a estas tierras. Comienzan así varios pleitos para la reforma de este. La ley del estado de Montemayor obligaba a que los herederos de las propiedades las recibieran en buenas condiciones de conservación; así pues, los emisarios enviados por estos, al visitarlo y viendo el deterioro en primera persona, reclamarían el pago de las obras de reparación a los anteriores dueños. Se puede deducir por tanto, que mientras lo habitaron los herederos directos, tendrían un pacto de no agresión y harían solo los remiendos suficientes para su habitabilidad.
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| Aspecto del Palacio antes de ser reformado en 2017 |
En 1754 se expide en Madrid una requisitoria contra la viuda del VII marqués, Ana María de la Trinidad de Velasco y López de Ayala, para hacer las reparaciones necesarias al Palacio. Un proyecto de remodelación que detalla al máximo todos y cada uno de los arreglos que eran necesarios para su adecentamiento, con el propósito de hacerlo habitable y digno de la nobleza. Se pretendía recuperar esa gran casona palaciega que fue doscientos cincuenta años atrás. Como dato curioso, en el documento aparecen los nombres de las calles en ese momento, como Calle del Caño, actualmente Doctor Fleming, y Calle de las Tiendas, ahora Entretorres. Se mencionan las dos torres que existen en ese flanco; las denominan como "la que da a la plaza" y "la del campanario", por lo que se supone que en esta existió tal elemento. En la redacción de este proyecto también se hace alusión a que esa torre también era nombrada "la Iglesia". Esto es así y es demostrable, ya que existe un documento donde el VI marqués pide una concesión al vicario general de Toledo para poder dar misa en su palacio, aparte de que en el inventario realizado a la muerte de este aparecen muchos elementos relacionados con las celebraciones litúrgicas.
Enlaces a estos temas:
Requisitoria para hacer unas reparaciones en el palacio de Villaseca de la Sagra ,1754.
Inventario de bienes a la muerte del VI marqués Manuel de Silva Ribera
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| Estado de la planta del Palacio en 1776. |
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| Proyecto de reforma 1776. |
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| Campanario que se propone con la nueva reforma 1776. |











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Fernando, felicidades por esta nueva publicación. Un buen trabajo y muy bien documentado en lo esencial. Estupendo!
ResponderEliminarMuchas gracias! Cuanto me alegro que te haya gustado, para mí un honor Toñín.
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